Liderar hoy significa, con frecuencia, conducir a alguien que lleva treinta años en el rubro y a alguien que lleva ocho meses trabajando, en la misma reunión. Las tensiones aparecen rápido: “no tienen compromiso”, “no escuchan nuevas formas”. Casi siempre, el conflicto no es generacional: es de expectativas que nadie hizo explícitas.
Qué diferencias son reales
Lo que sí cambia entre generaciones son las expectativas sobre el trabajo, no las capacidades: qué tan explícita debe ser la jerarquía, con qué frecuencia se espera feedback, cuánta flexibilidad se da por supuesta y qué peso tiene el propósito frente a la estabilidad. Ignorar esas diferencias produce fricción; convertirlas en estereotipo produce injusticia.
Qué es mito
- “Los jóvenes no tienen compromiso”: suelen tenerlo con el proyecto y el equipo más que con la empresa como institución.
- “Los mayores se resisten al cambio”: se resisten al cambio mal explicado, igual que todos.
- “Hay que hablarle distinto a cada generación”: hay que hablarle distinto a cada persona.
Qué hacer en concreto
- 1Haz explícitas las reglas del equipo: horarios, canales, tiempos de respuesta, cómo se pide ayuda. Lo que para uno es obvio, para otro no existe.
- 2Pregunta a cada persona cómo prefiere recibir feedback y con qué frecuencia. Es una conversación de cinco minutos que evita meses de malentendidos.
- 3Reconoce la experiencia sin convertirla en autoridad automática, y la energía nueva sin convertirla en desprecio por lo que ya funciona.
- 4Crea instancias donde la transferencia sea en dos direcciones: mentoría del que sabe el negocio, mentoría inversa del que sabe las herramientas nuevas.
- 5Cuando aparezca un conflicto, míralo como diferencia de expectativas, no de edad. Casi siempre se resuelve nombrándolo.
El líder en el medio de estas tensiones suele terminar traduciendo entre mundos, y eso desgasta. Si es tu caso, una sesión de levantamiento puede ayudarte a ordenar la estrategia con tu equipo real.